lunes, 6 de marzo de 2017

Ojos de agua. Domingo Villar.


Este año me he liado la manta a la cabeza y me ha dado por participar en una estupenda iniciativa, la #YincanaCriminal2017, de la que ya hablé en una entrada anterior. Con esta reseña queda inaugurada mi particular yincana, que me está sirviendo para leer títulos que habían quedado pendientes en mi estantería (o para releerlos, que tampoco es malo). Del mismo modo, esta iniciativa está haciendo que me acerque a alguna que otra novedad (aunque la suerte sólo me ha acompañado un par de veces en la lucha por conseguirlas a través de twitter, pero la iniciativa se agradece).

Sin más, vamos con la primera reseña, que espero no sea la última (en principio son quince los libros que deben reseñarse).

Título original: Ollos de agua
(Libro traducido al castellano por el propio autor).
Título: Ojos de agua
Autor: Domingo Villar
Editorial: Debolsillo

©2006, Domingo Villar
©2006, Ediciones Siruela, S.A.
©2007, Random House Mondadori, S.A.
Quinta edición: octubre, 2010

ISBN: 978-84-8346-495-3 (vol. 705/1)
192 páginas.

El primer caso del inspector Leo Caldas.



Sinopsis: En una casa cercana a la playa, en la costa gallega, se descubre el cadáver de un joven saxofonista que sufrió una de las torturas más crueles que se recuerden. Le asignan el caso al inspector Leo Caldas, un hombre solitario y nocturno, de buen paladar para los vinos y mejor oído para el jazz, y  a su ayudante Rafael Estévez, un llano aragonés perdido entre gallegos. Este singular tándem deberá investigar las altas esferas y los bajos fondos de Vigo para descubrir que las dobles vidas, como las mejores intrigas, siempre esconden inesperadas dobleces.


Datos sobre el autor
Domingo Villar (Vigo, 1971), es un escritor español de novela negra, afincado en Madrid. Por la novela que hoy reseñamos obtuvo el I Premio Sintagma, el Premio Brigada 21 y el Premio Frei Martín Sarmiento, y fue finalista en dos categorías de los Crime Thriller Awards en Reino Unido.
Su segunda novela, "La playa de los ahogados", también protagonizada por Leo Caldas, ha sido llevada a la gran pantalla recientemente.

Más información sobre el autor en el catálogo de la editorial Siruela.




Impresiones sobre el libro


La aparición del cadáver de un atractivo saxofonista en su piso de un edificio en la isla de Toralla (Vigo), será el punto de partida para que el inspector Leo Caldas, de la comisaría de Vigo, se ponga al frente de una investigación que servirá al lector como excusa para conocer lugares y ambientes con encanto de la ciudad viguesa, paseando por sus calles, acompañando al inspector y a su ayudante, Rafael Estévez, en sus pesquisas.
Luis Reigosa, que así se llamaba el muerto, joven saxofonista que dedicaba su tiempo a tocar con un grupo de jazz en un club y a dar clases en el conservatorio, sin enemigos conocidos, es víctima de una muerte cruel y dolorosa en la que juega un papel importante el formaldehído. El uso de esta sustancia lleva al inspector  a investigar en los laboratorios y hospitales de la zona que manejan este producto, por otro lado al alcance de cualquier trabajador, ya que no se lleva un control estricto de su utilización en los lugares donde se emplea.
La investigación de la muerte de Luis Reigosa lleva a Leo Caldas a contactar con dos mundos bien diferenciados: el de los grandes empresarios que parecen llevar una vida intachable dentro y fuera de sus negocios, y la de los bajos fondos, que parecía frecuentar la víctima debido a su trabajo y a su condición sexual. El atractivo del músico y sus posibles conquistas era algo a tener en cuenta a la hora de afrontar la investigación, e incluso da pie a titular el libro:
"--Nunca había visto unos ojos así -dijo el inspector señalando la cara de Reigosa-. ¿No te parecen irreales?
--Sí -aseguró el doctor Barrio-, tanto que en un primer momento creí que eran lentes de contacto, pero son naturales. Tenía los ojos de ese color, como si fueran de agua." (pág. 31)
Estamos ante un libro no demasiado extenso, cuya historia se disfruta. El autor ha tenido el acierto de encabezar cada uno de los veintinueve "capítulos"  que conforman la trama con una palabra de la que se ofrecen sus múltiples acepciones y que tiene un papel importante dentro del propio desarrollo del capítulo.
Me ha gustado el estilo del autor, directo y claro, presentando una historia de intriga que vamos resolviendo a medida que avanza la investigación, sin que los que la llevan a cabo conozcan más sobre el caso que el propio lector. A lo largo de la trama se van dejando pistas que ayudan a la resolución, y a ello contribuye el propio carácter del inspector, colaborador habitual de un programa radiofónico semanal, "Patrulla en las ondas", cuya popularidad facilitará en algunos casos el avance de la investigación.
He disfrutado mucho con la elección de los personajes principales. Es cierto que el inspector Leo Caldas se nos presenta como una persona algo solitaria, que disfruta con el buen vino y la buena comida, con la música y con los ambientes nocturnos, que cuenta con amigos que se acuerdan de él si de disfrutar de un buen manjar se trata. Aunque se dan pocas pinceladas de su vida, llegamos a conocer algunos aspectos, como la pérdida de su madre cuando era niño y la relación con su padre, que ahora estaba más centrado en producir su propio vino, aunque no por ello Leo dejaba de lado sus buenos consejos o sus pensamientos:
"...Caldas recordaba las palabras de su padre cuando insistía en que a un hombre se le podía conocer por lo que bebe y por lo que lee." (pág. 32)
Sabemos que Leo está pasando por un mal momento sentimental, puesto que en una relación de pareja no siempre los dos componentes reman hacia el mismo lado, pero a pesar de todo las dificultades personales por las que atraviesa el inspector en su vida privada no impiden que avance en sus pesquisas y dejan al lector con ganas de seguir indagando qué pasará con la solitaria vida de Caldas en un futuro. A mí particularmente me han quedado ganas de continuar la historia, y la continuación, "La playa de los ahogados", ya espera turno en mi abarrotada estantería.
Como contrapunto a la figura del inspector, solitario pero centrado, su ayudante, Rafael Estévez, de origen zaragozano, y que todavía no ha conseguido adaptarse ni al clima, ni a las cuestas ni a la gente de Galicia, da el toque de "humor" o de rudeza, consiguiendo sacar alguna que otra sonrisa al lector:

      "--Menudo invento el de poner las mesas debajo de las plantas. ¿Esas bolitas qué son?
       --¿Esas de ahí arriba?
      --¿Ya empezamos, inspector? Si estamos mirando hacia arriba y yo le pregunto por las bolitas, me estaré refiriendo a las bolitas que vemos ahí, no a las mías...
       --Son uvas blancas.
       --¿Cómo sabe que son blancas? Yo las veo verde oscuro.
    --Porque los racimos aún tienen mucha clorofila. Al principio todos son verdes. Luego, en el envero, las uvas que van a ser blancas se van volviendo amarillas y las tintas más rojizas.
      --¿Entonces cómo puede saber ahora que son blancas?
   --Porque sí. Primero porque aquí casi todo el vino es blanco. Y segundo por la planta: es treixadura. ¿Ves las hojas?
      Estévez miró hacia arriba.
     --¿Es una pregunta retórica de las suyas o piensa que la sobredosis de sardinas me está dejando ciego?
     --Es igual, te digo que son blancas, si quieres me crees y si no puedes volver en la época de la vendimia para ver de qué color son." (págs. 73 y 74)

Aunque estamos ante una novela de intriga, en algunos momentos parece que la historia puede encuadrarse dentro de otros géneros, gracias a la acertada prosa del autor, que nos lleva por lugares con encanto de Vigo sin que parezca que estemos asistiendo a la lectura de una guía de viajes. El libro nos sirve para conocer algunas costumbres de los habitantes de Vigo, que saben disfrutar del buen vino y de la buena comida en el momento preciso en que se dan las condiciones para su disfrute, bien sea porque es época de recolección o pesca, con tal sentimiento que al lector le quedan ganas de disfrutar de esos mismos placeres, o al menos puede llegar a creer que lo está consiguiendo. Se destacan lugares emblemáticos, como un pequeño cementerio con encanto, y no se pierde la oportunidad de recordar el drama de la mar, que no siempre devuelve los cuerpos de los que allí perecen.

Del mismo modo, podemos pensar que estamos ante un libro de metaliteratura, puesto que el autor aprovecha la trama para citar el nombre de algunos autores de novela policíaca (Montalbán, Ellroy, Chandler, Hammett, Camilleri), acordándose también de "Misery", de Stephen King, así como de un libro de Hegel que tendrá relevancia en la historia.

Hay que agradecer al autor que haya sabido aprovechar tan bien el espacio que ocupan las páginas del libro presentándonos una novela ágil, de interesante trama, con personajes muy bien construidos, tanto los principales como los secundarios, que mantiene el suspense hasta el final y que trata varios temas que hacen que no decaiga el interés del lector. La elección de dos personajes principales tan opuestos (cordura contra rudeza) y unas pocas pinceladas de la vida personal de ellos mismos incitan a seguir leyendo, y la mezcla de drama y humor (aunque en ocasiones fruto de la rudeza del propio Estévez) y unos diálogos ágiles y directos han sido en mi modesta opinión todo un acierto que hacen que se devoren las páginas para seguir leyendo las aventuras de este inspector. Lectura 100% recomendable.

Espero no tardar mucho en retomar al personaje, no sé si será dentro de esta #yincana, pero sí espero que sea dentro de este 2017.

Esta reseña participa en la #YincanaCriminal2017 en la categoría de "La acción transcurre en España".


8 comentarios:

  1. Me encanta Domingo Villar, su detective Caldas y el cafre de su ayudante y, por supuesto, tu reseña, porque está muy currada y has dicho del libro todo lo necesario para hacerse una idea sin destripar nada de lo importante.

    Un beso.

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    Respuestas
    1. Yo he disfrutado mucho con el personaje de Leo Caldas, y me ha caído "bien" Estévez, así que habrá que seguir su pista.
      ¡Gracias por pasarte y comentar!
      Besos.

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  2. Hola Loli, he cotilleado por tu blog y me ha gustado mucho, así que aprovecho para hacerme seguidor. La novela la leí hace ya bastante tiempo y me sorprendió mucho. Besos

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  3. Leí esta novela hace tiempo, me gusto muchísimo, con ella descubrí a su autor Domingo Villar y fue un placer. También aprovecho para seguir tu blog. Un beso

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  4. Leí la novela hace tiempo y caí rendida ante Leo Caldas, me gustó mucho. Buena reseña. Besos

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  5. Hola, Loli

    Yo lo leí por recomendación de una amiga gallega y me encantó y a finales del año pasado leí La playa de los ahogados, que también me encantó. No recordaba el diálogo que has puesto entre Caldas y Estévez y la verdad es que esos diálogos que muestran el contraste que hay entre los dos son tremendos.
    :)

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  6. Lo que me reí yo con Rafa Estevez no está escrito, me he leído las dos que ha publicado y no se si dejar de esperar una nueva entrega porque esta tardando es una locura

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  7. Estoy deseando yo también que salga la tercera novela. He disfrutado mucho las dos publicadas.

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