domingo, 10 de julio de 2016

"Caramelos de menta", de Carmen Vázquez-Vigo.

Siguiendo con la idea de adelantar retos, y mientras me pongo al día con las reseñas pendientes de lo ya leído, cuyas publicaciones debería ir entremetiendo, aquí traigo la reseña de un libro infantil que viene de la mano de una escritora argentina afincada en España, Carmen Vázquez-Vigo.

Datos del libro
Título: Caramelos de menta
Autora: Carmen Vázquez-Vigo
Editorial: SM
Colección El Barco de Vapor
Serie Azul, 2
A partir de 7 años
(Colección dirigida por Marinella Terzi)
Cubierta e ilustraciones: Antonio Tello
Primera edición: mayo 1981
Decimosexta edición: enero 1991
ISBN: 84-348-0898-6
Formato: Rústica sin solapas
136 páginas.

Sinopsis
¡Pues menudo genio se gasta don Joaquín, el dueño de "El Gallo de Oro"...! Entre él y la pandilla de Toño, la de sustos que se pegan nuestros héroes...
Pero ahí están ellos, y con ellos su perro Dragón, dispuestos a hacer lo que sea para ganar esas pesetillas que necesitan.


Datos sobre la autora

Carmen Vázquez-Vigo nació en Buenos Aires (Argentina) en 1923. Hija de padres españoles, estudió en el Instituto de Arte Escénico de Buenos Aires. En 1947 se afincó en España, donde se casó con el que sería director y guionista de cine José María Forqué. A su llegada a España trabajó como actriz teatral. En 1949 fue la protagonista de la primera representación en España de la obra El zoo de cristal, de Tennessee Williams, con la compañía Teatro de Ensayo La Carátula. Compaginó esta actividad con la de traductora de libros infantiles y juveniles gracias a su dominio del inglés, francés e italiano junto al español. Publicó por primera vez en 1963. Entre 1960 y 1965 colaboró en la revista infantil Bazar, en tanto que se dedicaba también a la escritura de guiones radiofónicos con cuentos escenificados en varios programas semanales de Radio Exterior de España. Sus obras más reconocidas se enmarcan dentro del género de la literatura infantil y juvenil, en el que ha obtenido premios clásicos como el Doncel en 1966 por Quiquiriquí, el Lazarillo en 1973, por Caramelos de menta y el Nacional de literatura infantil y juvenil en 1992, por Un monstruo en el armario. Madre de la actriz Verónica Forqué, junto a la que posa en la fotografía de la derecha, en una imagen de hace ya bastantes años.

Impresiones sobre el libro

Tengo este título en mis manos desde hace mucho tiempo, y hasta ahora no me había acercado a él. Hubo un tiempo en el que leía mucho libro infantil y juvenil, a la vez que lo hacían mis sobrinas, bien para comentar la historia o como aliciente para que ellas avanzaran en la lectura. No sé porqué no leímos este libro, al menos yo no lo hice, y no me arrepiento de haberlo hecho ahora. "Caramelos de menta" es un libro no demasiado extenso y con mucho diálogo, con alguna que otra ilustración, aunque no demasiadas, y que nos habla de una pandilla de amigos y lo que hacen por amistad, durante un verano de su vida. Se titula "Caramelos de menta", pero el título podría ser cualquier otro puesto que sólo relata una de las muchas aventuras a las que se enfrentan los protagonistas. El libro nos habla de un grupo de amigos, Pepito, Quique, Curro y el Chino, que pasan el verano jugando al fútbol con una pelota hecha de viejos calcetines y que por casualidad encuentran un perro del que pronto se hacen cargo, con las consecuencias que ello acarreará en sus vidas. Dragón, que es así como "bautizan" al perro, que no tiene una raza definida, pasará a ser uno más en la pandilla y por sus actos los chicos se verán enfrentados a una pandilla rival, a cuyo frente está Toño, junto a Leo y Moncho.
Dragón es el primer personaje que aparece en la historia, caminando por un barrio nuevo que poco a poco se estaba haciendo, el barrio donde se  desarrolla la trama, donde viven los protagonistas.
"Por la calzada caminaba un perro, también contento de la vida. Y quizá no lo hubiera estado tanto si hubiera podido mirarse en un espejo y entendiera de razas caninas.
Era a trozos color chocolate y a trozos color chorizo. O, dicho más seriamente, entre marrón y colorado. Tenía la cabeza grande, las patas cortas y el rabo indeciso, porque apenas iniciaba una gallarda curva hacia arriba volvía a caer como si le hubieran hecho un nudo en medio. Pero hemos de decir en su favor, porque es cierto, que tenía una expresión inteligente y simpática, como de perro golfo que era."
La llegada del perro al barrio va a desencadenar una serie de acontecimientos que van a centrar la trama: la pandilla de Toño consigue atar una ristra de botes vacíos al rabo del perro y éste huye despavorido, entrando en el negocio de don Joaquín, donde arrasa con varias cajas de huevos. Pepito y sus amigos, que han visto los problemas del perro y están seguros de que la broma de los botes atados es obra de Toño y su banda, se apiadan del animal y lo acaban considerando como uno más del grupo.
 La unión de época estival y chicos jóvenes que no saben en qué gastar su tiempo libre puede resultar una mezcla explosiva, y nunca mejor dicho. Con la pólvora de cohetes que se supone estaban pasados y una lata, fabrican la bomba Jota, y con el permiso de los mayores (por un malentendido) acaban lanzando la misma desde el balcón de la casa de Pepito, con tan mala suerte que cae sobre el comercio de don Joaquín, produciendo un enorme boquete en el toldo del mismo, que la madre de Pepito, Amelia, costurera de profesión, se ofrece a arreglar. Don Joaquín no está dispuesto a perdonar y exige el pago del toldo y de los huevos que el perro le rompió, cuando lo descubre entre el grupo de amigos que han atentado contra su negocio. A partir de este momento la vida de los protagonistas dará un giro, dispuestos a saldar las mil quinientas pesetas que el tendero les exige para acabar con la deuda que han contraído.
Paseos de perros, fabricación de caramelos de menta para luego venderlos, ofrecerse para trabajar en distintos empleos, dejarse ganar ante los rivales del barrio en un partido de fútbol en el que eran mejores... son algunas de las cosas que Pepito y sus amigos, por solidaridad, van a llevar a cabo para saldar la deuda.

El libro es un alegato a la amistad y al compañerismo. Todos van a ir a una para intentar solucionar el problema. A pesar de que son niños, se nos presentan como personas responsables. Amelia, la madre de Pepito, no tiene la culpa de las travesuras de los chicos y no pueden hacer que ella se haga responsable del pago, con lo que le cuesta ganar unas pesetillas con su costura. Ellos y el perro han provocado el desastre en la tienda de don Joaquín y por tanto deben solucionarlo. La pandilla rival, que al principio disfruta haciendo la vida imposible a Pepito y sus amigos, boicoteando alguno de sus trabajos o aprovechándose de la mala racha que llevan, acabará cambiando de actitud.
La trama, salpicada de muchos diálogos y con anécdotas ocurrentes que tienen como protagonista la inocencia de unos niños, tiene un final cerrado, donde tendrá un papel relevante el personaje que inicia la historia, Dragón.

En definitiva, un libro que se lee de tirón, muy adecuado para estos días de verano por la época en la que se desarrolla la trama, protagonizado por niños responsables dispuestos a todo por solventar los problemas que ellos mismos han creado, y que aunque está recomendado a partir de siete años puede ser leído por personas de todas las edades, puesto que está escrito con un lenguaje muy conseguido, tanto en vocabulario como en diálogos, y esto hace que no te arrepientas de dedicarle tu tiempo.
No os cuento más de la trama, si tenéis oportunidad de que el libro caiga en vuestras manos no estaría de más que le dedicarais un rato para revivir historias de la infancia. Quizá en mi caso no fui tan traviesa cuando era niña, pero sí debo reconocer que este libro me ha recordado por un momento a las historias de pandillas de amigos que sí leí en mi infancia, del estilo de "Los Cinco" o "Los Siete Secretos". Quizá es una buena excusa para acercar a nuestros pequeños, ya sean hijos, sobrinos o allegados, a este tipo de literatura, y quien sabe si a ser unos estupendos lectores en el futuro.

4 comentarios:

  1. Me suena mucho, creo que lo leí de niña
    Besos

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  2. Que fan soy de el Barco de Vapor.
    Un beso ;)

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  3. ¿Sabes que, tal como lo has contado, me apetecería mucho leerlo?...Jo, es que sería como volver a aquella infancia de aventuras, en aquella época en que no había maquinitas electrónicas ni ordenadores para jugar. Hasta los años 90 ser niño era fantástico; después, la infancia se ha desvirtuado con tanta tecnología y tanto miramiento y consentimiento.
    Los libros del Barco de Vapor...¡eran fantásticos! Precisamente, ahora, el día 20-9-2006 va a hacer 30 años que tuve el primero de ellos. La fecha se me quedó grabada porque me lo regaló mi madrina por mi cumple. Se titulaba El diablo capataz y era una selección de relatos del folclore húngaro adornada con unas ilustraciones buenísimas; a partir de ese, me hice con bastantes de ellos, bien por regalos o comprándolos yo mismo -bueno, los compraba mi madre, claro.
    Por edad, sólo tuve de la serie naranja (a partir de 12 años) y alguno de la serie roja que, por alguna razón, ya me gustaban menos porque eran más adultos y presentaban más problemas emocionales, je,je... Mi preferido fue, siempre, "Los mifenses" de la autora Rocío de Terán y que contaba la historia del extraterrestre X2 que venía del planeta Mif y que había sufrido una avería por lo que tuvo que aterrizar en España.
    Era el que más me gustaba y no sé qué rayos hice con él, si lo presté a mis sobrinos y lo perdieron o qué. ¡Cómo me gustaría volver a leerlo!
    En fin, me has recordado con esto cosas muy agradables de mi niñez.
    carlos

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    Respuestas
    1. Tienes razón, creo que tuvimos una buena infancia, alejados de tablets y ordenadores que no fomentan los juegos en grupo, más bien el individualismo de los niños. Anoto tus recomendaciones, Carlos, estoy casi segura de que no los leí.
      Gracias por comentar de nuevo, y felicidades por el que entiendo es tu próximo cumpleaños.
      Loli.

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