lunes, 15 de diciembre de 2014

El corazón del Tíbet. F. Javier Martínez.


Reseña de un libro exótico y de aventura, de la mano de un escritor novel y de una editorial que nos permite conocer nuevos autores.

Título: El corazón del Tíbet
Autor: F. Javier Martínez
Editorial: Punto Rojo Libros, S. L.
Formato: Tapa blanda
ISBN: 978-84-15761-46-4
208 páginas.

© 2013 F. J. Martínez
© 2013 Punto Rojo Libros, de esta edición

Sinopsis (trasera del libro):

Daniel es un joven que sueña con poder conocer el Tíbet y su cultura milenaria. Al terminar los estudios, el profesorado le brinda la oportunidad de embarcarse en un viaje junto a otros compañeros para visitar el Himalaya; sin sospechar que durante el viaje descubrirá por casualidad un secreto que le llevará a vivir una increíble y fascinante aventura que cambiará su vida para siempre.

El autor, F. Javier Martínez, nació en Medina Sidonia en 1972, aunque actualmente reside en Alcoy. Casado y con dos hijos, siempre ha manifestado inquietud por la novela de fantasía, género que ha desarrollado desde su juventud en numerosos escritos. Por motivos solidarios, ha viajado por muchas ciudades de España, conociendo a centenares de personas con las que ha mantenido profundas conversaciones de los grandes temas universales: el amor, la tristeza, la amistad, la vida, la muerte, la existencia de Dios...
Tras realizar un curso en la Universidad de Alicante, dirigido por Isabel-Clara Simó, decidió publicar este libro, su ópera prima, que pretende ser el primer tomo de una colección basada en un sueño que ilusionó a sus hijos, para aportar esperanza a jóvenes y adultos que se sienten atraídos por la aventura.

Argumento e impresiones

La historia de "El corazón del Tíbet" parte de una buena premisa. El protagonista, Daniel, un enamorado de la cultura tibetana, tiene la posibilidad de conocer, gracias a un viaje de fin de estudios que comparte con cuatro profesores y quince alumnos (los que se han podido costear la aventura), la región de Xizang, que es como se conoce al Tíbet.

Daniel es el encargado de narrar la historia, porque él es el protagonista principal de la misma, el que había iniciado su propio viaje de contemplación de la vida. Descubrimos gracias a él la situación real vivida por los tibetanos, bajo el yugo del gobierno chino, que Daniel y sus compañeros pudieron comprobar en la visita a la capital, Lhasa, conocida como la "Ciudad Iluminada", donde las patrullas de la milicia china hacían acto de presencia por todos lados, pidiendo identificaciones a los nativos, muchos de los cuales no tenían papeles.

Las imágenes del Dalai estaban prohibidas y eran requisadas por los militares. El tibetano había desaparecido de la enseñanza y a ojos de Daniel había un "claro desprestigio hacia las culturas milenarias y sus gentes y el culpable de ello era el propio gobierno chino". Daniel tiene la oportunidad de contactar, mientras visita Lhasa con el resto de sus compañeros, con un anciano de ojos azules que curiosamente es capaz de hablarle en castellano; según el mismo, "...han conquistado Lhasa, ¡pero nunca conquistarán el corazón del Tíbet!". Las palabras del anciano dejan sorprendido a Daniel, que reflexionará mucho sobre ellas en el modesto refugio en el que iban a pasar sus días de estancia en el Tíbet, aunque en algunos momentos pensará que fueron fruto de su imaginación.

A pesar de que el grupo con el que Daniel va es extenso, apenas conocemos algo de ellos, sí cuenta el protagonista algo de sí mismo y de su vida con anterioridad a esta aventura. No conocemos apenas nada de los acompañantes porque Daniel, el narrador, vivirá una auténtica aventura al margen de ellos, que resultará ser la verdadera historia narrada en "El corazón del Tíbet", y lo que da título al libro; sí hará hincapié el autor en los otros protagonistas que encontrará en esa nueva etapa en solitario.

Partiendo del refugio donde iban a pasar unos días inician todos juntos el ascenso al Himalaya, dispuestos a conocer a fondo toda la región del Tíbet; aunque se había indicado que el grupo debía permanecer unido para evitar posibles accidentes, Daniel se separa del resto en el ascenso y descubre una gruta a la que decide entrar; éste será el comienzo de su aventura. Dentro de la gruta encuentra a Usiel, un nativo de ojos azules que está embadurnando toda la piel de su cuerpo con un fruto que le da un tono anaranjado. Dirigiéndose a Daniel en castellano le invita a que él mismo lo imite; a partir de este momento, el protagonista se verá inmerso en una aventura fantástica y exótica, que tendrá lugar en un poblado subterráneo bajo el monte Lhotse, donde descubre una civilización que se mantiene al margen del resto de la humanidad y que ha sobrevivido a lo largo de los tiempos. Daniel será testigo de cómo vive este pueblo, y lo que es más importante, acabará siendo uno más entre ellos. Debía ser aceptado por el pueblo y para ello tiene que presentarse ante la guardiana, Uloha, una enorme serpiente que junto a otras dos protegen al pueblo del exterior. Los frutos de alihi que el pueblo recoge sirven como alimento y son el olor distintivo que hace que las guardianas les consideren parte de la comunidad. Lejos de la luz del sol, saben si es de día o de noche gracias a la colonia de murciélagos que habitan en la gruta, recogen las pelusas del shen nui y los tubérculos de yula; éstos últimos, aunque de mal sabor,  les sirven para evitar la carencia de vitaminas y minerales que podían jugar una mala pasada a su salud a corto o largo plazo. Daniel será admitido por Uloha como parte del pueblo, y como tal disfrutará de todas sus costumbres, incluso puede ser nombrado por la guardiana como el Elegido para el Gran Salto, todo un honor, ya que supone ser el protagonista principal del ritual por el cual el ciclo vital del lugar se renovaría de nuevo como cada año; el ritual tiene que ver con la recogida del alihi, el principal alimento del pueblo y del que dependen.

En el libro se nos presenta un pueblo que mantiene una cultura ancestral, que no utiliza la escritura, y que pasa sus vivencias y conocimientos de forma oral de unos a otros, de generación en generación y que vive sin depender del exterior. Daniel, enamorado de la cultura tibetana desde siempre se encontrará a sí mismo y se sentirá atraído por este recóndito pueblo. Perdido para el resto del equipo con el que viajaba, tendrá que elegir si vuelve a la civilización que conoce o si permanece con ellos.


En esta historia encontramos como ya he indicado, exotismo, aventura y fantasía. La historia en sí está bien, se deja leer y aporta datos sobre la cultura tibetana y su relación con el gobierno chino que en ocasiones desconocemos. El autor demuestra tener imaginación a la hora de relatar la relación del pueblo con las guardianas que lo protegen, y de describir los ritos que se llevan a cabo anualmente para mantener el equilibrio del que gozan hasta ese momento y cómo se centran todos en que las cosas funcionen a la hora de recolectar los frutos y de realizar los distintos rituales. Se explica el conocimiento de otras lenguas (entre ellas el castellano) porque a pesar de vivir aislados los miembros de la comunidad salen al exterior y se relacionan en otros entornos, aunque evitando siempre el ser descubiertos, aunque Daniel no sería el primer extranjero que llega a convivir con ellos.


Encontré el libro en la biblioteca que frecuento, buscando algo exótico que leer (casualmente el autor está afincado en mi ciudad, aunque no tengo el gusto de conocerle). El argumento del libro está bien, la historia resulta entretenida. Me consta, así se puede leer en la página del autor en Facebook que está trabajando en una segunda parte del libro, aunque convendría una nueva revisión del libro que hoy reseño, que sería algo de agradecer, ya que a la hora de la lectura se encuentra algún que otro error ortográfico, un uso excesivo de las comas en frases demasiado cortas y el abuso también de las expresiones "la cual, el cual", que podrían ser sustituidas en ocasiones por un simple "que", aunque en mi opinión estos detalles se solucionarían con una nueva lectura por parte del autor. Con todo, la historia es interesante y en su conjunto resulta recomendable, sobre todo a los que gusten de la fantasía. A pesar de las faltas, encontramos alguna que otra cita interesante. Sin dudarlo, para acabar la reseña me quedo con unas palabras del libro, con permiso del autor:
En esos momentos, llegaron a mí (sic) mente, unas palabras del sabio Dalai Lama:   "Solo existen dos días en el año en los que nada puede ser hecho: uno se llama ayer y el otro mañana. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y, principalmente, vivir."

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